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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Javier y sus ocurrencias


Por fin voy a editar un cuento navideño. 
Mi hijo Javier ha querido regalarme su propio relato. 
Javier no es ni pequeño ni mayor. Él se autodefine como mediano.  Todavía no ha descubierto la satisfacción que reporta la lectura o la escritura, pero sabe lo que significa para mí.
Este es el relato. Es su regalo.
La Navidad
Estamos en Navidad,que es la fecha más alegre del año.
Todos los niños habrán pedido regalos como yo. Seguro que en vuestras casas habrá una flor de navidad como yo la tengo en la mía,y también habrá un árbol  como yo tengo, y ahí es donde dejan los regalos Papá Noel y SS MM los Reyes Magos. El año pasado cuando era el día en que los reyes  traían los regalos por la mañana, yo bajaba para ver si estaban los regalos, no estaban. Mi hermano, mi madre, mi padre y yo estábamos viendo la tele y cuando yo miré para el árbol de navidad ¡ya estaban los regalos!, y estaba la puerta abierta del patio y antes estaba cerrada. Eso significaba que habían entrado sin que nadie los viera.

¡Os deseo feliz navidad a todos!   

martes, 13 de marzo de 2012

Taller de escritura


Nuestros relatos siguen produciéndose. Nuestros alumnos siguen creando. 
Hace días recibí en mi correo este cuento. Se trata de un "nuevo capítulo" de la novela cervantina Rinconete y Cortadillo. 
La hemos trabajado en casa y en clase. Entre las actividades, que se han realizado, había un Taller de escritura que proponía redactar una posible aventura de estos dos pícaros. 
Ángela Jiménez  ha escrito el siguiente.  

 HACIA UN NUEVO DESTINO 

Rinconete se encontraba en la Torre del Oro, esperaba impaciente a Cortado, este fue a por unas telas y algo de comida para el camino, pero se retrasaba. 
A lo lejos vio llegar a un chico muy apurado corriendo, huyendo de alguien. Reconoció  a su amigo y fue inmediatamente a ayudarle. Este solo le dijo que cogiera las telas y que no las perdiera, que corriera todo lo que pudiese, después le daría las explicaciones. Rinconete hizo exactamente lo que Cortado le pidió y los dos se escondieron en unos barriles de aceitunas que había en el muelle. Cuando sintieron que los ladrones habían marchado para buscarlos en otro lugar, intentaron salir de los barriles, cosa que fue imposible porque encima de ellos se encontraba un gran baúl con monedas de oro en su interior.
Dejaron que el tiempo pasara para ver si retiraban el gran estorbo que habían colocado encima de ellos. Los chicos empapados de aquel pringoso líquido aprovecharon para picar un poco del delicioso alimento del que estaban rodeados. A Rinconete le dio la curiosidad y preguntó a Cortado por qué lo perseguían aquellos ladrones. Este le respondió que había violado la ley de Monipodio, pues había robado a una de sus prostitutas y a la vieja Pipota, cosa que el jefe de la banda no iba a consentir. Por lo que pidió al Repolido y Chiquiznaque que lo capturaran para darle una buena paliza, al igual que a Rinconete, aunque no tuviera nada que ver en los terribles errores que cometía su amigo.
Este último pensó que lo mejor sería marchar de Sevilla para que no fueran cogidos por la banda de Monipodio, pues si así fuese estarían en un gran apuro. Sintieron que alguien los estaba trasladando de sitio, con el baúl encima, por lo que tendrían que ser dos fuertes personas para sostener tan elevado peso. Cuando tocaron  suelo y no notaron el baúl encima de sus cabezas, decidieron abrir los barriles a la vez. Al hacerlo se encontraron en un barco lleno de  tripulantes sirviendo a uno de los hombres más ricos de Sevilla. Los llevaron ante él y no tuvo más remedio que dejarlos en el barco por no tirarlos por la borda, pues ya habían zarpado. Los encerraron en las mazmorras del barco y no le dieron comida más que un trozo de pan y un vaso de agua al día. Pero no todo estaba perdido, pues los muchachos tenían sus trucos, y uno de esos días mientras uno de los tripulantes pasaba por ahí, Rinconete, siempre acompañado de sus naipes, tuvo la idea de invitarlo a jugar una partidita. Este, inocente del conocimiento que tenían ellos, se jugó el abrirles las mazmorras para que ellos pudiesen salir de allí a que si ellos perdían serían tirados por la borda del barco para nunca volver. Evidentemente fueron los pequeños truhanes quienes ganaron la partida. El hombre, que se quedó fascinado, no quería ni pensar en abrirles para ellos poder escapar. Y  como por las buenas no fue la cosa, Cortado le dio un gran golpe en la cabeza y cogieron las llaves ellos mismos. Escaparon por la noche en uno de los botes con provisiones para una semana. El viejo quedó encerrado en las mazmorras sin ropa, pequeña broma de Cortado por no querer abrirles.
Después de la escapada estuvieron más de diez días navegando sin sentido por el mar. Y en uno de ellos, en los que ya habían perdido hasta la esperanza de avistar tierra, notaron la presencia de que algo que no era agua y tenía una textura sólida estaba rozando sus manos. 
Al percatarse de ello se despertaron y vieron que habían llegado a una playa que no parecía estar habitada por nadie. No creían lo que veían sus ojos, pero era cierto por fin estaban en tierra. Se dispusieron a recorrer la playa hacia una dirección u otra, con el fin de encontrar a alguien que los pudiera ayudar. Entonces vieron como a lo lejos una joven muchacha de piel morena con una larga y rizada melena suelta estaba recolectando frutos de un árbol tropical. Se acercaron a ella silenciosamente, por lo que la muchacha al verlos se quedó sorprendida de aquellos individuos que nunca había visto. Ellos intentaron hablar con la chica y consiguieron que se tranquilizara, después de un buen rato hablando a través de señas y vocalizando exageradamente. La muchacha de origen indígena, los guió a su tribu. Los presentó como unos seres extraños que no conocía, pero no querían nada malo para ellos. El jefe de la tribu los reconoció, pues había viajado mucho fuera de la zona de su gente y había visto a muchas personas que hablaban igual y vestían de forma semejante a los muchachos. Fueron aceptados y estuvieron unos días por aquellas tierras. Trataron de ser simpáticos con todos ellos.
Al jefe le cayeron muy bien, pues se ayudaron mutuamente. Ellos les enseñaban nuevas técnicas de cultivo y de caza y los indígenas le daban cobijo y comida. Se hicieron muy amigos de la muchacha que los guió hacia allí, se llamaba Shantal y de su hermana Indiana. Al parecer el tiempo permanecido allí les hizo ver lo bello de aquellas personas, y se quedaron para gusto de las chicas y de su padre, el jefe de la tribu. Todos estuvieron de acuerdo con ellos y decidieron que sería lo mejor, pues allí formarían sus familias con las bellas muchachas y seguirían enseñando a aquellas personas nuevas técnicas para seguir avanzando y ellos aprenderían las costumbres tan hermosas de la tribu.

Ángela Jiménez (3º A)



lunes, 5 de marzo de 2012

Ser andaluz

Volvemos con un nuevo relato. 
En este caso es el que ha hecho una alumna de 3º con motivo del Día de Andalucía.
Con él nos recuerda que fuímos también un pueblo emigrante.
Las circunstancias hicieron que en otras épocas muchos hombres y mujeres de nuestra tierra tuvieran que marchar lejos, buscando una vida mejor. Sin embargo, luego se convirtió en destino de otros y los acogimos, los aceptamos, los ayudamos. Hoy han cambiado las cosas y, de nuevo, han llegado los problemas económicos, laborales,...y con ellos empiezan a verse roces, enfrentamientos,...entre los diferentes sectores sociales.
Tomemos como ejemplo el relato de esta joven autora y recordemos nuestro carácter emprendedor y tolerante. ¡No cambiemos!

ANDALUCÍA TAMBIÉN FUE EMIGRANTE 
Era una tarde tranquila cuando ellos se encontraron en el puerto. El mayor lloraba tímidamente y daba la sensación de que recordaba momentos duros. El otro, por su parte, estaba serio; pero miraba a su compañero con expresión tranquilizadora. Mientras dejaban su vida como ladrones, observaban cómo los fuertes marineros cargaban los barcos de provisiones para el viaje. Como bien sabían, sería largo. Sin mirar atrás se colaron en uno de ellos que iba a Barcelona. No les costó demasiado burlar los ojos de los vigilantes, puesto que tenían mucha experiencia.
Ya estaban dentro e inspeccionaban la bodega con admiración. Encontraron un buen lugar tras la cocina, y allí, se escondieron.
Esa noche no durmieron demasiado bien y tenían los nervios a flor de piel. Finalmente cayeron rendidos ante el sueño que los perturbaba. A la mañana siguiente se levantaron con la primera luz del alba y el pequeño de los muchachos se coló en la cocina para robar unas piezas de fruta para el desayuno. No sé si fue casualidad o el destino, pero en aquel momento el cocinero jefe entró en la pequeña habitación, al hombre se le sobresaltó el corazón y de inmediato pretendió avisar a la seguridad del barco, pero los jóvenes consiguieron apaciguar su nerviosismo. Estos le contaron su historia, y el cocinero se quedó muy sorprendido al conocer la procedencia tan triste de unos muchachos de apenas 15 años. Conmovido y llevado por su conciencia, decidió ocultarlos y encargarse de ellos hasta llegar a Barcelona. Fueron días desesperantes al no poder tomar aire libre, pero, en definitiva, ya estaban allí. Desembarcaron desde la bodega, tal y como habían entrado, haciéndose pasar por marineros. Al pisar el puerto, lo primero que vieron fue a dos preciosas jóvenes que paseaban junto al muelle. No tenían cosa mejor para hacer, por lo que se dirigieron a ellas. Estas parecían molestas por la presencia de esos muchachos en harapos, que sólo querían hablar con ellas. Con mucha insistencia consiguieron que las jovencitas les prestaran atención y, al parecer, les gustó que ellos le hicieran compañía. Durante algún tiempo siguieron viéndose, y lo que en un principio sólo era amistad acabó siendo un bonito amor.
Estaban paseando un día, como de costumbre, y los jóvenes se arrodillaron ante ellas pidiéndoles sus manos en matrimonio.
Estas aceptaron y se casaron a escondidas de su padre quien puso el grito en el cielo cuando se enteró de la noticia. Al conocerlos mejor, se dio cuenta de que serían unos buenos maridos para sus hijas y empezó a tratarlos como tales. Fue entonces cuando los muchachos consiguieron una familia, y vivir como se merecían, con tan sólo alguna que otra preocupación sin importancia. Al cabo de los años, el viejo que dirigía la cofradía a la que pertenecían, se enteró de cómo habían cambiado sus pequeños ladronzuelos y les mandó una carta reclamando dinero por los servicios prestados. Fue tanta la indignación por parte de ellos que ni siquiera se molestaron en contestarle. El viejo se quedó solo ya que los demás huérfanos que estaban bajo su mando partieron buscando una mejor vida siguiendo el ejemplo de sus compañeros. 
¡Muchos la consiguieron! 

Mª José García (3º A)

domingo, 18 de diciembre de 2011

Reescribimos cuentos


Son ahora los alumnos de 1º  los que recrean cuentos que ya existen. 
Hemos leído varios de la colección El Conde Lucanor. 

Tenían que elegir entre dos moralejas: 
  1. “En esta vida la mejor herencia es aplicar trabajo y diligencia”
  2.  "Cumplido con el deber, el descanso es un placer"

Cada uno hizo su propia interpretación de estos versos. 
He aquí dos ejemplos: 
DE LO QUE LE PASÓ A UNOS HIJOS CON LA HERENCIA DE SU PADRE.


El Conde Lucanor habló con Patronio y le dijo que su padre le había dejado toda su herencia a sus hermanas y a él no le había dejado nada. Le pidió consejo para saber si debía luchar por su herencia.
¡Así, no!
 Patronio le contó este cuento: Había una familia de tres hermanos, que al morir su  padre heredaron una gran fortuna. Al mayor le dejó una finca de 1000 has  valoradas en 500 millones de euros. Al segundo le dejó varias mansiones y edificios, que valían unos 300 millones de euros y al pequeño solo le dejó una pequeña tienda que no valía casi nada. Los dos mayores lo vendieron todo y se gastaron todo el dinero en fiestas y en caprichos. El pequeño se puso a trabajar en la tienda de día y de noche hasta que consiguió tener muchos clientes y mucho dinero. Estaba muy feliz porque con esfuerzo y trabajo había conseguido vivir sin que le faltara de nada. Tenía más dinero que sus hermanos a pesar de no haber tenido una gran herencia.
Por lo tanto  - dijo Patronio -  vos, señor conde, debéis tener en cuenta que la mejor herencia de una persona es su trabajo y esfuerzo y no lo que pueda heredar y, como don Juan Manuel vio que este ejemplo era bueno, lo mandó escribir en este libro con unos versos que dicen así :
“En esta vida la mejor herencia es aplicar trabajo y diligencia”  
ANDRÉS URBINA (1º B) 
ANDRÉS, EL NIÑO ESTUDIOSO 
Andrés habló un día con su madre, que era su mejor amiga, y le dijo que tenia miedo de que lo criticaran algunos niños por ser tan obediente y estudioso. Su madre le dio un consejo contándole un cuento.



"Había una vez, un grupo de amigos que iban al colegio, siempre iban sin ganas de estudiar y de trabajar, ńo hacían las tareas, no respetaban a los profesores, ńo obedecían a los padres y siempre andaban molestando y riéndose de los demás niños que se recogían más temprano para hacer las tareas, estudiar, se reían cuando participaban en clase y se preocupaban por su educación.
Cuando pasaron los años los niños que se reían de los demás y no se esforzaron, tuvieron que ponerse a trabajar haciendo las peores tareas que había.

Y los niños que se esforzaron, cumplieron con su deber y el descanso fue un placer." 


LORENZO URBINA (1º B)

viernes, 9 de diciembre de 2011

CUENTOS DE NAVIDAD III

Es la tercera entrega de Cuentos de Navidad. 

En esta ocasión podremos disfrutar de narraciones más elaboradas formalmente.
La mayoría trata el asunto de manera similar a la de un alumno de doce años; de hecho, en todos se respira el mismo sentimiento sincero de "buenos deseos"; todos se ven con la responsabilidad de ayudar para conseguir un mundo un "poquito" mejor.

Algunos de ellos son:

CUENTO 1º
MANUELA:  EL QUERER NO ENTIENDE A RAZONES
Imagen tomada de
MªAngeles Aznar Medina

Era un día feliz bajo las ventanas, la nieve caía helando la calle e impidiendo el paso de los automóviles por las frías calles. Elena se sentía la mujer más hermosa del planeta, junto a un príncipe azul preparaba el salón dando a ver lo hermoso de esas fiestas. Eduardo encendía el fuego mientras, de reojo, miraba la tan maravillosa fortuna de la que se enorgullecía. Los dos eran pareja desde hace mucho tiempo, se conocían desde pequeños, ya que siempre habían sido vecinos, hace ya varias generaciones. Pero un día surgió, un primer beso que cambió el futuro de aquellas dos personas mágicas como la pura nieve que va cayendo de forma impredecible, como un arco iris que aparece en el cielo después de un por qué maravilloso, porque ese primer beso los unió en uno y aún se mantenían fundidos en aquella pasión.

Eran jóvenes y emprendedores, vivían juntos desde hace unos meses en los que él se lo pidió por su cumpleaños, y le dio esa tan grata sorpresa. Ella viajaba todos los días a la ciudad para asistir a la universidad, en el pueblo trabajaba ayudando a sus padres en el negocio familiar. Eduardo empezó a estudiar un curso formativo, pero no pudo continuar,  porque necesitaba el dinero para poder construir la casa, por ello trabajaba como pintor. Hacía maravillosas obras en todo tipo de superficies, él solo pintó su casa, con sus propias manos, siempre ayudado por su fiel compañera.

En sus tiempos libres le encantaba ir a ver a su pequeño tesoro, su hermana Manuela. Fue una sorpresa para todos creer que su madre con la edad que tenía pudiese quedarse embarazada, pero todos estaban encantados con ella, trajo la alegría a la casa y como la benjanmina de la familia, la más mimada. A nadie le suponía un problema que la chica tuviese síndrome de Down, es más les encantaba verla jugar y sobretodo en aquellas fechas. Siempre estaba con su preferido, Eduardo. Elena y él habían pensado muchas veces en tener hijos, pero no se atrevían porque todavía Elena no había terminado la carrera y pensaban que eran jóvenes para tener hijos, además antes debían casarse como tradición en su pueblo.

-         Cariño, ya he llegado. ¿Cómo estás?

-         Hola. – la miró y la vio tan hermosa como siempre. – Te estaba esperando, tengo que contarte una cosa muy importante.

-         ¿Si? Y ¿qué es esa cosa?

-         Ven, mira. – le tapó los ojos y la guió hasta un impresionante dormitorio. - ¿Qué te parece?

Le destapó los ojos con delicadeza, y se quedó asombrada.

-         Pero, esto es magnífico, impresionante, ¿a qué se debe?

-         A que estamos en Navidad, se hacen cosas caritativas y se dan sorpresas, ¿no es así?

-         Sí, pero no imaginaba que fueras a hacer esto. De verdad, muchísimas gracias. – sus palabras muestran el reflejo de una sorpresa inesperada, y es que Elena no imaginaba que Eduardo pudiese hacer esa grandiosa obra de arte, pues, la habitación estaba totalmente pintada de rosa, tenía muchísimas líneas serpenteantes que seguían a unas mariposas moradas que volaban en busca de una gran y gigantesca foto de Elena, Eduardo y Manuela. Los tres salen sonriendo en la nieve, todos abrigados y sonrientes. La foto es de un viaje que hicieron las navidades pasadas a la montaña.

-         Verás la sorpresa que se va a llevar Manuela  cuando lo vea, se lo enseñamos para el día de los reyes, ¿no?

-         Sí, sí claro. Es que es precioso, ¿cuándo has hecho todo esto?

-         Cuando te marchabas a la universidad, después cuando estabas en casa no te dejaba entrar por eso. He pensado que esta será la sorpresa para Manuela para estas navidades.

-         Sí, seguro que le encanta.



Estuvieron, toda la tarde eligiendo, cada detalle de la nueva habitación de Manuela, y es que la pequeña está más tiempo en la casa de Eduardo que en la propia suya, por eso habían pensado en eso. Peluches, ropa nueva, juguetes, marcos para las fotos, todo era imprescindible. Y es que solo imaginando la sonrisa chispeante de alegría de aquel cielo rebosando luz, se les iluminaba a ellos mismos la cara.

Salían del centro comercial de la ciudad y empezaba a nevar, siempre la misma historia. No se atrevían a coger el coche, pero finalmente, así fue. No se veía nada por la carretera e iban con todo el cuidado posible para no tener ningún accidente. Pero, no todos llevaban el mismo cuidado.

-         ¡No!                                        


El coche dio una vuelta de ciento ochenta grados, y chocó con el badén hasta salir de la curva. Elena se dio un golpe fuerte en la cabeza y quedó inconsciente. Eduardo la miró preocupado y perdió el control del coche, resbalando por la nieve, se estrellaron en el suelo.

- Vamos, vamos. Daos prisa, hemos tardado mucho.

- Dani, trae las camillas. Luis, sácalos del coche y mira si están vivos.

La ambulancia llegó lo más rápido que pudo y se los llevaron al hospital. Llamaron a los familiares, y todos fueron a visitarlos. Los doctores pasaban corriendo y sin dar respuesta a ninguno de ellos, las enfermeras al igual, pasaban y sin decir nada seguían su camino.

Finalmente, una de ellas se les acercó y les informó de que Elena estaba en estado de coma, ya que el fuerte golpe que recibió en el accidente dejo incapacitada una parte de su cerebro, después solo tenía lesiones leves, lo contrario que su pareja. Y es que, Eduardo, tenía fracturadas una de las cervicales, una costilla y el brazo con el que llevaba el volante. Todos estaban dispuestos a esperar el tiempo que hiciese falta, solo querían estar en casa, juntos, en la chimenea cantando villancicos. Era Navidad, no es posible que en estas fechas ocurrieran tantas desgracias, se dan noticias buenas, alegres y que te hagan sonreír. Estaban que no daban crédito a lo que escuchaban.

Pasaron los días, Eduardo estaba mejorando, pero no se marchaba del hospital, le pidió a las enfermeras que lo dejasen en la misma habitación de Elena, no quería separarse de ella. Pensar que jamás estaría sin ella, que no podría disfrutar más de sus sonrisas, ni de sus despertares ni abrazos, tan solo todo eso le derrumbaba. 


Pasaron la nochebuena en el hospital, todos junto a Elena, la chica de la sonrisa perfecta y los ojos encantadores, verdes y brillantes  como los mismos luceros que alumbran la noche. Parecía mentira que todavía no despertase, que no se moviese ni pronunciara palabra alguna, no parecía real. Eduardo le pidió explicaciones al doctor, pero este no era capaz de decir más de lo que había informado. Solo se limitaba a constatar que se iba recuperando progresivamente, pero si todos no estaban con ella en esos momentos sería más difícil.

Y entonces, pasa. Llega un momento en el que algo te da la seguridad de que todo va a volver a su cauce, de que yendo por el camino correcto, uno puede volver a ser el de antes, y entonces, sigue luchando, hasta el final, pensando que todo puede guiarse por un sueño: la navidad hará de este sufrimiento una esperanza y de la esperanza, la ilusión y finalmente todo ello se hará realidad, porque sino esto no tendría sentido, no. Entonces, Eduardo, sigue hacia delante y el día menos esperado, se encuentra ante ella, los dos solos, contándole todo lo que tenía pensado hacer cuando estuviesen juntos, cuando ella estuviese a su lado, como la primera vez que estuvieron hablando, como la primera vez en la que vieron que estaban hechos el uno para el otro, como en esa primera vez, en la que se besaron y cuando él se apartó, ella despertó de ese maravilloso sueño.

- ¿Elena?, ¿Elena? ¡Elena! ¡OH, Dios! ¡Elena! Has despertado, ¿cómo estás?, enfermera, enfermera, avise al doctor, Elena ha despertado. – y con dos lágrimas en los ojos se fue hacia ella y la abrazó con el mayor de sus cuidados y con toda la felicidad del mundo, porque su querida estaba de vuelta. - ¿Estás bien? Te hemos estado visitando todo este tiempo, y no me he separado de ti jamás, te quiero.

- Hola, - dijo ella con voz tranquila y dormida. - ¿qué pasa? ¿Dónde estoy? Me duele la cabeza, - pronunciaba Elena con toda la tranquilidad que siempre le ha caracterizado y con toda la inseguridad e incertidumbre del mundo.

- Shh, no debería haberte hecho tantas preguntas, tranquila. Estás en el hospital, el doctor va a venir a hacerte la revisión, tranquila todo irá bien, te quiero.

- Vale, de acuerdo, pero después me explicas lo que está pasando. – incertidumbre, inseguridad, tranquilidad al mismo tiempo. Sí, es mi Elena. Ha vuelto, esta conmigo y se va a recuperar. Pensó Eduardo.

El doctor, pronto terminó su revisión, les informó que todo estaba en orden, que tendría que permanecer un poco más en el hospital, pero después podría macharse a casa y estar en reposo, hasta que se recupere del todo.

En ese tiempo recibió muchas visitas, todos estaban deseando saber como estaban y le regalaron muchas cosas nuevas para la casa y para ella. Manuela, estuvo con ella todos los días, cuidándola muchísimo, siempre a su disposición.  

Para Nochevieja, estaba muy feliz, pero no recuperada, todavía sufría pesadillas por las noches o se quedaba muchas veces en silencio, sin responder a nadie y otras llegaba incluso a desmayarse. Esa noche cenaron todos juntos, y aunque Elena no estuviese recuperada, estaba feliz y por eso todos lo estaban, también solo por ella. Cantaron villancicos, se disfrazaron y contaros anécdotas pasadas. Felices como siempre en un ámbito navideño. Cuando la noche terminó, Manuela quería dormir con Eduardo, pero como la sorpresa todavía no estaba terminada, tuvo que dormir con sus padres.

Por fin, el gran día. Seis de Enero, las cabalgatas por el pueblo repartían juguetes y caramelos para todos. Manuela gritaba y daba saltos de alegría, siempre con su sonrisa en esa boca radiante de paz y amor. Después de estar toda una tarde recogiendo todo lo que tiraban los reyes, llegaron a casa de Eduardo. Allí todos abrieron sus regalos. Cada uno sorprendido de todo lo que habían recibido. Manuela, también se sorprendió mucho, pero lo que más le inquietó fue no ver a Elena por ninguna parte. Entonces, Eduardo la guió hasta una habitación con unas letras muy divertidas en la puerta y cuando la abrió se sorprendió aún más. Se encontró a Elena esperándola con los brazos abiertos, con un regalito en la mano. Se fue directa hacia ella y la abrazó lo más fuerte que pudo, después abrió el regalito y vio que era un gran cofre de las princesitas, lo abrió y vio muchísimas fotos de todos ellos en el viaje a la nieve. Y por último se encontró con una ecografía, entonces preguntó lo que era esa foto tan oscura, y Elena le explicó ante todos, que esa era la primera foto del bebé que llevaba dentro, en la pancita. Y Manuela se puso muy contenta, porque ella deseaba que su hermanito y su tía tuvieran un hijo, porque ella iba a ser su hermanita mayor y lo cuidaría mucho. Eduardo, al escuchar esas palabras, se quedó aún más sorprendido, y corrió a abrazarla, iba a ser padre por primer vez y estaba deseando tenerlo en sus brazos, porque iban a formar una familia muy grande y unida, y sobretodo, feliz, muy feliz. Entonces, Eduardo se decidió y ante todos le pidió matrimonio a Elena, y esta asombrada, afirmó con toda seguridad del mundo. Todos felices, el sueño que tanto habían esperado, durante todas esas semanas en las que no se sentían a gusto con todo lo que les estaba pasando.

Al final, todos acabaron contentos, porque iban a formar una familia más grande y además, todos juntos y sanos. Ahí es donde se demuestra que las familias siempre han de estar unidas, y sobretodo en los malos momentos, porque lo más bonito que hay en esta vida es saber que estás rodeada de personas, que de verdad te quieren y te necesitan. Pasen unas felices fiestas y quiéranse muchos entre todos. 

Ángela Jiménez Solís (3º A)


CUENTO 2º
 
 NAVIDAD 
Era una noche oscura y nublada, apenas se veía la luna, pero todos estábamos felices porque era Noche Buena, toda la familia estaba sentada alrededor de la mesa comiendo el sabroso estofado de la abuela, ella decía:
-Es secreto de familia.

Todos estábamos contentos; sin embargo, mi padre estaba preocupado, éste año con la crisis no pudo comprar tan buenos regalos como otros años, yo pedí una consola y mi hermana una bici, pero tan solo pudo comprar unos Cds para mí, y una muñeca y un libro para mi hermana, yo no sabía nada, si lo hubiera sabido me hubiera enojado, a los 10 años se es muy egocéntrico.Pero lo que no sabíamos ni yo ni mi padre, es que eso no sería un problema.
Cuando todos acabamos de comer nos fuimos a la cama y nos acostamos esperando los regalos para el siguiente día, pero yo no pude soportar la emoción, a eso de las cinco me levante impaciente, pero vi algo que no me esperaba, una silueta se apresuraba a meter todo lo que encontraba en una bolsa de basura, yo creí que era Papá Noel y me alegré mucho de poderlo ver, así que sin pensarlo me acerqué a él, parecía mas escuálido que en las imágenes, su traje no era rojo y no llevaba de barba más que lo que queda después de dos días sin afeitarte; no me fijé en esos detalles sin importancia y fui a por él, le pegué un tirón de la chaqueta y le dije:
-¡Te pillé!
Él me miró con una mezcla de miedo y furia, pero cuando me vio se relajó un poco:
-Tranquilo... solo soy Papá Noel
-¡Lo sé!- respondí con entusiasmo
-Pues vete a la cama o no te dejaré nada- me respondió dulcemente
-Pero... te llevas las cosas en vez de dejarlas- le dije con mi inocencia infantil
-¿Dani? ¿Con quien hablas?- mi padre me llamaba desde arriba
-Oye, oye, te la dejo todo bajo el árbol ves- dijo asustado mientras dejaba cinco bolsas que contenían más de la que había intentado coger de mi casa.
-Pero espera...- le dije
-No, tengo mucha prisa- me dijo y se fue saltando por la azotea que dejábamos abierta.

Al día siguiente la familia entera no salía de su asombro, pero yo preferí no decir nada para que fuera aún más sorprendente.


Papá  Noel no tiene siempre la forma que nosotros pensamos, a veces es simplemente un familiar o alguien con quien nos cruzamos por la calle, lo importante es disfrutar de lo que nos ofrecen.




                    MANUEL JESÚS CÓRDOBA (4º ESO B) 

CUENTO 3º
 Parece difícil imaginar la Navidad sin color, pero más extraño aún es que sea imaginada de esta manera por una joven. 
He aquí un cuento con final desgraciado. Esto es lo que lo convierte en un relato original.
  ¡DISFRÚTENLO!
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EL SECRETO DE LA NOCHEBUENA
Cada noche notaba esa presencia alrededor de mi salón.  Entraba el aire desde una puerta hacía la otra y comenzaban a moverse las cortinas.
En esos momentos me entraba un gran escalofrío que no sabría como describir. Me quedaba quieta intentando ver qué ocurría, pero, tras varios minutos esperando, todo volvía a la normalidad.
Al principio trataba de esconderme y cerraba fuertemente los ojos asustada, hasta que un día encontré un libro que estaba guardado en un viejo cajón de mi estantería, se titulaba El secreto de la Nochebuena, sin dudarlo comencé a leerlo pero no entendía nada, pues estaba escrito en latín y no era un idioma que dominara demasiado. Así que consulté el gran diccionario de mi abuelo, pero no me ayudó lo suficiente.
Tras varios días de intentar traducir miles de palabras me di cuenta que aquel misterioso libro estaba dividido en dos partes de las cuales una estaba escrita en castellano.
Poco a poco iba descubriendo que aquel libro tenía algo que ver con la extraña presencia que se aparecía cada año en las noches buenas, y fue ahí cuando entendí que aquello podría ser algo parecido a un fantasma o algo fuera de lo normal así que me asusté mucho y dejé por finalizado el misterioso asunto.
Pasó un largo año demasiado sacrificado para una niña de tan solo 15 años, pues mi abuela enfermó y apenas tenía tiempo de ir al instituto así que abandoné los estudios y decidí cuidar de mi abuela.
Volvieron de nuevo aquellas Navidades y en especial aquel día de Nochebuena donde mi abuela murió.
Mi familia decidió no celebrar la Nochebuena y por ello me fui a dormir muy temprano. De pronto se abrieron las puertas y vi como las cortinas de mi cuarto se movían, una extraña criatura se desplazaba lentamente sobre mi espalda y un sudor frío me recorrió el cuerpo.
Miré hacia detrás y sobre el espejo se reflejó una pequeña niña de ojos azules y cabello negro, me miró asustada, sobre sus mejillas caían miles de lágrimas y con voz aguda me dijo que era la única que sabía el secreto de la Nochebuena y decidió contármelo, decía que había sufrido mucho en su vida, en especial cada navidad, donde tras la ventana de su cuarto veía como todos celebraban la navidad con árboles, adornos, grandes mesas llenas de comida, regalos y junto a toda su familia cantaban villancicos. Pero cuando miraba a su casa un gran silencio recorría cada pasillo de aquella casa parecida a una chabola, solo podía recordar a su padre encerrado en la cárcel y no podía evitar odiar la navidad, así que se suicidó y pidió un deseo, que cada Nochebuena una persona muriera para que poco a poco todo el mundo pudiera odiar la navidad como lo hacia ella.
Ahí fue cuando comprendí por qué mi abuela había muerto y con todo mi odio rompí aquel espejo donde se reflejaba aquella cara triste y sin ilusión de esa pequeña niña que nunca pudo saber lo que era una familia unida y reunida en un día de Nochebuena . 

CONCHI  MUÑOZ (4º ESO B)

CUENTOS DE NAVIDAD II

¡Saca punta a tu imaginación!
Volvemos con otros cuentos.

Como os decía, la actividad ha sido interesante y creativa.
Muchos de los que siempre pensaron que se trataba de un ejercicio rutinario y obligatorio han sido los que más se han implicado en él. Han comprobado que el papel es paciente y humilde. Nunca se rebela, siempre es como "agua cristalina de fuente serena" que refleja  todo lo que nuestra mente o nuestro corazón siente.

Sin más dilaciones os regalo otros relatos.


CUENTO 1º  
EL DESASTRE DE NAVIDAD

Érase una vez dos niños, llamados Rubén y Billy. Los dos niños estaban deseando los regalos, querían tantos, que casi nunca se decidían a tiempo de lo que querían para Navidad.
Este año era diferente. Habían decidido ver a Papá Noel y harían todo lo que estuviera en sus manos, tantos deseos tenían de ver a Papá Noel que hasta pusieron trampas: Billy puso un cepo en la puerta y una jaula automática en la chimenea y Rubén solo pudo poner una jaula normal en la chimenea.
Pero el día de Navidad algo pasó y Papá Noel no vino. No sólo a la casa de Rubén y Billy, no fue a ninguna casa en todo el mundo. Los padres de Rubén y Billy estaban viendo la tele cuando salió una noticia de última hora: Papá Noel había sido capturado por un malvado científico que, como no tuvo ningún regalo de pequeño, odiaba todo lo referente a la Navidad.
El científico aseguró no liberar a Papá Noel, pero Rubén y Billy emprendieron un viaje a rescatarlo.
Encontraron su refugio, aunque más que un refugio parecía una mansión. La "mansión" tenía 20 pisos, guardia de seguridad en cada una de las ocho puertas del refugio, de tres piscinas y campos de fútbol y de tenis.
Los chicos decidieron llamar a la policía para distraer a los guardias y entrar por la puerta de atrás. Así lo hicieron. Llegó la policía, distrajo a los guardias y los chicos entraron por la puerta de atrás, pero al parecer, el escándalo de la policía asustó al científico y huyó. Lo persiguieron pero no lo alcanzaron y esta vez los guardas se alertaron de su presencia. Huyeron de ellos, pero volvían a estar en el punto de partida.
Desesperados, volvieron a su casa creyendo que ya no habría más navidad. Sus padres les dijeron que los iban a ayudar, y así lo cieron ya que encontraron al científico. De nuevo huyó, pero esta vez fue en vano, ya que lo atraparon. Hubo una lucha infernal, pero al final vencieron. El científico fue a la cárcel por el secuestro de Papá Noel.
Papá Noel les dijo que si volvían a poner trampas les traería carbón en vez de regalos.

 Y colorín colorado esta Navidad ya se ha acabado.

Rubén Arcos (1º ESO A)

CUENTO 2º 
NICOLÁS, EL PERRITO DE LA NAVIDAD 

Hace tiempo me contaron una historia, una historiafascinante,una historia sorprendente, una historia...

Los niños siempre han creído que los Reyes Magos iban con sus camellos y sus pajes, pero realmente no es así, realmente los Reyes Magos consiguen repartir todos los regalos en una noche gracias a su recién descubierto acompañante: el perrito Nicolás.
Todo esto comenzó hace mucho tiempo, justamente el año posterior al Nacimiento del Niño Jesús, pero si queréis saber más ahora mismo os lo contaré todo.

El 2 de Enero del año siguiente de nacer el Niño Jesús, los Reyes Magos se plantearon una cuestión: "¿Por qué no llevar a todos los niños regalos para que se sientan tan especiales como Jesús?" La tarde del 5 de enero se pusieron en marcha ellos, sus pajes y su querido perrito Nicolás, pero tras haber repartido regalos en la midad del mundo, se dieron cuenta de una cosa: ¡se estaban quedando sin regalos! Y mientras todos lloraban desconsolados, al perrito Nicolás se le ocurrió una idea.
Al parar de llorar se dieron cuenta de que el perrito no estaba, y entonces lloraron más todavía. Eran las cuatro de la madrugada, y de tanto llorar se habían quedado todos dormidos, pero de repente oyeron unos ruidos y se despertaron sobresaltados. Miraron a la izquierda, miraron a la derecha, miraron hacia delante, pero no vieron nada, y entonces miraron hacia atrás y lo vieron: era Nicolás seguido de todo un ejército de artesanos, pastores y habitantes de Belén.
Tanto se emocionaron de ver a Nicolás que casi se desmayan allí mismo.
Lo que Nicolás había hecho era ir a Belén y llamar a sus habitantes para que cogieran todos los juguetes que no utilizaban y se los llevaran a los Reyes Magos para que pudieran terminar de repartir los regalos a los demás niños del mundo.
Entonces vieron una luz a lo lejos, y mientras más se acercaba la luz más se maravillaban todos de lo que estaban viendo: la Virgen María, José y el NIño. La viregen y José los felicitaron por haber logrado continuar su tarea y Jesús los miró y sonrió de una forma tan tierna que todas las personas que estaban allí reunidos suspiraron a la vez.
Y así fue como Nicolás, el perrito de la Navidad, sonsiguió que todos los niños del mundo pudieran sentirse muy especiales y que los Reyes Magos hubiesen conseguido terminar su trabajo justo a tiempo. Por eso, la mañana del 6 de enero tenéis que darles las gracias a los Reyes Magos y al perrito Nicolás,porque gracias a él tenéis vuestros regalos con los que disfrutáis y por los que os sentís tan especiales como el Niño Jesús.



ANA MARÍA HERRERA  (2º ESO A)


CUENTO 3º
LA VIE EN ROSE

Ya empezó aquel estruendo, lo odiaba. Intentaba que no ocurriese pero era imposible .Me temblaban las manos de sólo pesarlo. El médico dijo que había alguna posibilidad de salvar mi vida, pero para ello tendría que poner mucho de mi parte. Lo intentaba, pero era en vano. Era mi cabeza la que me impedía hacer realmente lo que creía oportuno, y eso estaba ocasionándome serios problemas. Al principio podía controlarlo, pero luego se me hizo todo cuesta arriba y me era imposible seguir una vida normal, como la de antes, apartada de todo aquello que me desgraciaba.

Todo comenzó  cuando sólo tenía catorce años. Aquello era nuevo para mí. Estaba fascinada por aquel mundo del espectáculo. A mamá nunca le hizo mucha gracia que me introdujese en el mundo del baile. 

Ella pensaba que era pequeña aún. Pero a papá le pareció buena idea, pues pensaba que de esa manera me podría ganar la vida, ya que no era muy buena en los estudios, pero bailaba de una forma impresionante .Al principio no conocía a nadie y la verdad era bastante tímida, pero poco a poco, fui ganándome la confianza de muchas de aquellas estrellas. Pasó el tiempo y me convertí en una más de todas ellas. Tenía fans por todo el mundo y ya esto no me impresionaba en absoluto, era otra estrella más, y yo lo sabía. El dinero que ganaba se multiplicó por cuatro y comencé a hacer giras por todo el país. Actuaba junto a muchos artistas y las salas siempre se llenaban para vernos actuar. Pero ya no me conformaba sólo con esto, no quería ser siempre una simple bailarina. Yo quería estar en el primer plano como aquellos famosos tan reconocidos, por ello, acudí a unos castings para hacer una serie de televisión, y me eligieron como protagonista .Mi fama fue aumentando más y más . Acudía a muchas fiestas llenas de “personas importantes”, como yo les llamaba. Uno de aquellos famosos llamado John, al que consideraba mi amigo comenzó a drogarse. Yo lo intenté apartar de ese camino, pero fue imposible, ya no era el mismo.

Pasó el tiempo y un día de Abril el director de la serie en la que estaba trabajando me dijo que me iban a sustituir por otra actriz, porque mi trabajo no estaba siendo el adecuado en los últimos meses. Me indigné bastante por ello e intenté buscar otro trabajo, pero no lo encontré. Mi mundo era aquello, yo no había estudiado, no tenía relación con nadie de mi familia, sólo con mi padre, pero éste estaba muy enfermo y en aquel tiempo  temía por su vida.

 Una tarde plomiza de Abril, mi se alejó de nosotros para siempre y a  partir de aquel momento me sentí aún más sola .Sentía que no valía nada. Comencé a beber demasiado y una noche de vuelta a casa conducía con unas copas de más, lo cuál hizo que chocara contra otro coche. El conductor que había topado contra mí murió y yo me fracturé la tibia y el peroné gravemente. Después de una serie de juicios, el juez me obligó a pagar una multa de veinte mil euros, pero seguía sintiéndome un asesina, aunque en el fondo de mi ser sabía que no lo era. Todo aquello hizo que la tristeza se adueñara de mí por completo, adentrándome en una gran depresión, que me hizo cambiar completamente. No sé por qué lo hice, pero uno de aquellos días estaba completamente hundida y llamé a John. Le pedí que me entregara droga. 

Le pagué. Al principio solo hacía esto de mes en mes. Luego, de semana en semana, más tarde cada día y ahora no podía pasar ni un minuto sin estar suministrándome algo de aquello. Muchas veces había intentado dejarlo, pero me era imposible, eso era más fuerte que yo.


Un día, Marina, la vecina de arriba bajó a casa, ya que llevaba muchos días sin verme salir. Conocía mi estado y se temía lo peor. Entró en mi piso y me encontró inconsciente en el suelo. Me llevó  al médico y a los tres días, desperté. Al parecer había estado en coma .El doctor fue sincero conmigo y me dijo que mi estado de salud era muy grave. Me hizo saber que si no cambiaba de vida rápido, posiblemente muriera en meses, pues todo aquello había afectado a mi sistema nervioso.

 Estuve seis meses en un centro de desintoxicación y salí de él en Navidades, una fecha en la que muchas personas estarían encantadas de volver a casa, pero a mí me ocurría al contrario. No sabía a dónde ir .Mi familia se había enterado de todo aquello pero no se había preocupado por visitarme .Así que decidí regresar a mi casa. Intenté abrir la puerta, pero tenía mucho miedo, no quería recordar todo aquello, me temblaban las piernas de sólo pensar en que pudiera recaer .Pero mi cabeza se alejaba de aquellos pensamientos, de forma involuntaria. En ese tiempo había aprendido que cuando venían días grises como los que yo pasé, había que darles color .Así que decidí colorear mi propia vida, para alejarme de todo aquello que me hacía sufrir tanto.

Llegó el día de noche buena, y seguía estando sola en casa. Odiaba aquellas fechas, pues siempre me hacían recordar lo desagradecida que era por no poder tener una familia normal, y ahora era eso no q más me importaba. Para cenar pedí una pizza a domicilio, pensando que sería la única persona en el mundo que iba a pasar aquellos días tan triste. De repente, llamaron a la puerta y tras ella aguardaba con una sonrisa que iluminaba toda la habitación, Marina, mi vecina. Esta señora era una viuda de unos setenta años, cascarrabias y gruñona, que sólo estaba acompañada por unos gatos a los que les hablaba como si de personas se tratase.


-Hija, había pensado que a lo mejor querías cenar conmigo. Así no estamos tan solas.-Dijo dirigiéndome una mirada enternecedora.


Yo acepté encantada, pues me hacía mucha falta que alguien me acompañase en aquellos días. Ambas comimos pizza. No era una comida muy típica para un día de Navidad, pero a nosotras nos pareció el mejor manjar del mundo, pues la compañía es la que nos hace disfrutar en muchas ocasiones de lo que nos rodea.

-Sam, no crees que deberías comenzar a trabajar .Siempre es bueno pensar en algo para distraerse. Yo he comenzado a leer libros y créeme cuando te digo que ahora soy mucho más sabia que cuando era joven. He descubierto nuevos mundos que antes desconocía. Ahora he cambiado, he aprendido que no podemos estar siempre tristes, pues hay muchas personas que lo pasan peor que nosotros. Y una de las cosas por las que ahora disfruto de la Navidad es porque nos une a todos sin tener en cuenta como seamos .Ésta es una época que nos ayuda a olvidar y hallar todo lo bueno que nos regala el día a día. A lo mejor no me estás entendiendo…


-Sí, sí que te entiendo, Marina, gracias a personas como tú, yo he logrado salir adelante. Gracias a personas que ayudan sin esperar nada a cambio, que se comprometen a proteger al de al lado, que te ayudan a colorear ese mundo  del que nunca deberíamos salir. Ahora he descubierto que el verdadero espíritu navideño, es aquel que construyen las personas que dejan a un lado sus diferencias y se comprometen a ser mejores personas .Claro que esto es temporal y luego todo vuelve a la normalidad por eso pienso q la vida debería ser una Navidad constante. Donde todos nos ayudemos sin esperar nada a cambio, sólo por el mero hecho de actuar de una forma correcta.

Sam decidió hacer una película en la cual iba a plasmar todo el transcurso de su vida. 

La Vie en Rose
Su título fue ”La Vie en Rose”, pues en ella intentaba transmitir que en la vida es necesario quitarle importancia a los días grises y darles color para que no nos derrumben. Para eso es bueno rodearse de aquellas personas que nos quieren en intentan que esto nos resulte más fácil. Su película iba especialmente dirigida a todas aquellas personas que tenían su mismo problema, para que supieran que los problemas nunca son tan graves como para adentrarse en aquel mundo cuya misión solo era destrozarnos e impedirnos disfrutar de los verdaderos regalos que nos ofrece la vida y por lo que estaríamos agradecidos.


Desde aquella Navidad, todas las demás significaron mucho para ella, pues le hacían recordar que había personas como Marina por las que únicamente merecía la pena vivir.

                                  
ROCÍO SUÁREZ (3º ESO A)